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José Sant Roz: “Yo sí tengo candidato…”

Me gusta la gente que cuando la acorralan no huye sino que se enfrenta y se defiende como aquel Inti Peredo que le gritó a sus asesinos: “No me agarrarán vivo”.

Me gusta la gente que cuando cae en la lona, no se DEJA, se las ingenia e inventa (el Carnet de la Patria, el Congreso de la Patria, los Clap’s, la ANC, el petro…), y se vuelve como el tentetieso aquel que siempre está erguido.

Porque en POLÍTICA, sépanlo, señoras y señores, el INSTINTO es la única guía.

Me gusta la gente que jamás se echa para atrás aunque sepa que le están montando una infernal cacería mundial.

Me gusta la gente que es leal y que asume sus peos, y que no se pone como una rata compungida a viajar en madres aviones pidiendo cacao.

Me gusta la gente que es dura de domar, que cuando más fea se le pone la vaina, más arrecia en sus ataques y no se defiende sino que ataca.

Me gusta la gente que manda a la mierda a la España de Borbones, a los gringuitos masacradores, en fin, a todos esos redomados cerdos de la Unión Europea que son los padres de las carnicerías en África y el Medio Oriente.

Me solidarizo con el hombre que, quedando cercado y amenazado de exterminio, enteramente solo, le echa más bolas a los desafíos, y se salta por encima de las trancas y hace de los mollejones voluntad y coraje para salir adelante.

Me quedo, pues, con el que no come casquillo del imperio, aunque lo cerquen con bestiales sabotajes, aunque lo dejen sin alimentos ni medicinas, sin efectivo, sin gas ni gasolina, y los perros falderos cojan con la güevoná de que le van a atacar por las fronteras… y que así y todo resista, decidido a morir pero jamás entregarse.

Ese es el tipo de candidato por el que voy a votar el 22 de abril, señoras, camarados y camaradas, de esta hora.

¿Cómo podría yo darle mi voto a los que se abrazan con los santanderistas de Uribe o Santos? ¿Cómo podría yo votar por un muermo como Julio Borges, siempre enfluxado y de corbata, y con esa sonrisita etérea de perrito amaestrado dándole fieramente a su colita electro-perforada?

¿Cómo?

¿Cómo podría uno salir a votar por ese retruécano carbonizado de Ramos Allup, que se cree muy arrecho por la boca, payaso en contorsiones perpetuas, que en cuanto la mayor rana platanera del norte le llama al botón, cual perrito faldero se anula y se hace aguas de la emoción?

Allá, pues, lástima, los que no tienen candidato, ni rumbo ni alegrías, ni patria ni raíces, ni historia ni sueños.

Allá los que se quedaron sin el chivo de la paz y sin el mecate del guáramo, dando tumbos y pendientes del que dijo que HABÍA UN CAMINO pero que en él se perdió… en las maniguas de sus berenjenales.

Allá los que se pusieron a adorar a la NADA, y que se colgaron del motor calcinado de Ramos Allup, creyendo que era un viejito con el supuesto “guáramo betancuriano”.

Allá los que entregaron sus principios al sueño americano y cogieron para el norte a pulir bolas doradas, a sacarle punta a los cebos rutilantes de los rascacielos, aunque Trump los llamara… COMEMIERDAS.

Allá los que soñaban con un presidente como el padre de tomadera de caña en este país: Lorenzo Mendoza, quien, chorreado, dijo que él no cogía esta vaina ni loco; que lo suyo es hacer dinero.

Allá los que creyeron en Leopoldo López porque era “bello” y “atlético”, y porque además era un lince saltando por encima de ristras de pupitres. Lo único que supo hacer en toda su vida.

Allá los que lloraban y se enternecían con los grititos de la tigra Lilian Tintori, la que se chuleó todos los países del primer mundo viajando en primera clase, gozando estancias en hoteles cinco estrellas y tragando de lo bueno y de lo caro, hasta que un día, de pronto, descubrió que estaba en estado interesante… Conformándose ahora con ser solo la pasiva gatita de Trump y de Marco Rubio, en reclusión expectante.

Allá los que sufrían maremóticos yeyos oyendo las tétricas historias de María Corín Tellado Machado, la que se pulió las rodillitas para mostrárselas a George W. Bush y que anduvo en una de coleccionista de muertos en guarimbas para no perder el histérico glamur de su congestión retumbante.

Allá los que marcharon y guarimbearon hasta la demencia y terminaron cogitabundos y apagados, diciendo que aquí lo que importa ya es asesinar al Presidente.

Allá los que se fueron para Miami, Cúcuta o Bogotá, Madrid o Lima, Santiago de Chile o Buenos Aires… a buscar dólares para poder comprar bisutería miserable y así sentirse que son alguien…

Allá todo eso, que uno podrá entonces, con toda la fe del mundo, dar el voto por el que no se rinde ni se amilana ante las más terribles adversidades: por Nicolás MADURO, el chofer de autobús, el que salió de una familia de patas en el suelo, el de los barrios de Caracas, el salsero, el que habla sin palabras besuqueadas, el del verbo real y espontáneo.

Eso sí, y tómenlo en cuenta, que esto lo escribe otro tipo que ama a su patria, que es bolivariano, que no tiene cargo en el Gobierno ni lo desea ni anda buscando. Sin manos de seda para colgarse de nadie. Que para nada es monedita de oro en los trajines de pasillos o de despachos. Un maldito, un insigne pelabolas, un pobre diablo, si quieren.

#PONTEpilas.

Sobre Ana Rodriguez

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