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Hoy 28 de febrero se conmemoran 164 años de la siembra de Simón Rodríguez.

Foto: INTERNET

Hace 164 años,  28 de febrero de 1854, falleció en el distrito de Amotape, en la provincia de Paita – Perú, Simón Narciso de Jesús Carreño Rodríguez, conocido en su exilio de la América española como Samuel Robinson.

Simón Rodríguez nacido en Caracas, Venezuela, el 28 de octubre de 1769, fue un educador, escritor, ensayista y filósofo considerado como uno de los intelectuales americanos más importantes de su tiempo, pues destacó por su profundo conocimiento de la sociedad hispanoamericana, saber que luego transmite al Libertador Simón Bolívar al desempeñarse como su maestro y mentor.

Al igual que Andrés Bello, fue un visionario defensor de la educación pública.

A los 21 años de edad, en 1791, el Cabildo de Caracas lo admite para ejercer el cargo de maestro en la escuela de primeras letras para niños, lugar al que llegará al año siguiente el niño Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, para iniciar su educación.

Posteriormente, en 1801 parte a Bayona (Francia), de donde pasa a París y allí traduce, ese mismo año, la Atala de Chateubriand.

En esa ciudad se encuentra de nuevo con Simón Bolívar en 1804, convirtiéndose a partir de este momento en una figura decisiva en el rumbo que tomará la vida del futuro Libertador de América.

Juntos parten en abril de 1805 a un viaje que los llevará a Lyon y Chambery para luego atravesar los Alpes y entrar a Italia.

En Milán presencian la coronación de Napoleón Bonaparte como rey de Italia, y finalmente la gira culmina en Roma, donde el 15 de agosto del mismo año, Bolívar, junto a Rodríguez y Fernando Toro, jura dedicarse por completo a la causa de independencia de Hispanoamérica.

El texto, que quedó grabado en la memoria de Rodríguez, pasó a la posteridad: “Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.

En 1806 inició un largo peregrinar por Europa: Italia, Alemania, Prusia, Polonia y Rusia, periplo que culminó en 1823 en Londres (Inglaterra), donde se encuentra con Andrés Bello y emprenden ese mismo año su retorno a América, vía Cartagena de Indias, ocasión en la que retoma además su nombre Simón Rodríguez.

El Libertador al enterarse de su regreso, le escribe el 19 de enero de 1824 desde Pativilca (Perú), una de las más conmovedoras epístolas de toda su vida: “Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Ud. me señaló […] No puede Ud. figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que Ud. me ha dado, no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que Ud. me ha regalado”.

Con la ayuda de Francisco Paula Santander, ordenado por Bolívar, Rodríguez marcha a unirse con él, e inició su viaje por Cartagena a Perú a través de Panamá y Guayaquil, último puerto, donde llegó a fines de 1824 o principios de 1825.

A su paso por Ecuador dejó importantes obras: en La Catunga dicta clases de agricultura y botánica en el Colegio Nacional; en Quito presenta al Gobierno un Plan de colonización para el Oriente de Ecuador y en Ibarra, funda una “sociedad de socorros mutuos”.

En 1825, Bolívar lo recibe en Lima y lo incorpora de inmediato a su grupo de colaboradores directos.

En noviembre de este mismo año, Bolívar lo nombra “director de Enseñanza Pública, Ciencias Físicas, Matemáticas y de Artes y director general de Minas, Agricultura y Caminos Públicos de la República Boliviana”.

El 7 de enero de 1826 Bolívar regresa a Lima y Rodríguez permanece en Bolivia, siendo ésta la última vez que se ven.

Para 1828, el Pródromo de la obra “Sociedades Americanas“, texto en el que igual que otros escritos suyos insiste en la necesidad de buscar soluciones propias para los problemas de Hispanoamérica, idea que sintetiza su frase: ” La América Española es Original.

En los años finales de su vida Rodríguez va a Guayaquil, donde se perderá buena parte de su obra en un incendio ocurrido en dicha ciudad.

En 1853 emprende de nuevo viaje al Perú, lo acompañan su hijo José y Camilo Gómez, compañero de éste; será Gómez quien lo asistirá en el momento de su muerte ocurrida en el pueblecito de Amotape.

Setenta años después de su deceso, sus restos fueron trasladados al Panteón de los Próceres en Lima, y desde allí, al siglo justo de su fallecimiento, fueron devueltos a su Caracas natal, dondereposan en el Panteón Nacional desde el 28 de febrero de 1954.

#PONTEpilas

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